Más de 40 jóvenes participaron en la Jornada Vocacional Misionera 2026

Una experiencia de encuentro con Jesucristo, discernimiento y misión animada por la Comisión Vocacional de los Salesianos en Venezuela

Duaca, Lara, Venezuela. – Más de 40 jóvenes provenientes de distintas casas y obras salesianas participaron, del 25 al 29 de agosto, en la Jornada Vocacional Misionera, una propuesta organizada y animada conjuntamente por la Comisión Vocacional y la Comisión de Animación Misionera de la Inspectoría de los Salesianos en Venezuela. La experiencia fue concebida como un espacio para suscitar en los participantes la inquietud vocacional, la pregunta por el sentido de la vida y el deseo de escuchar la voz de Dios para responder a ella de manera concreta en un proyecto de vida.

La Jornada reunió a jóvenes de entre 17 y 29 años, provenientes de distintas casas y obras salesianas, incluyendo estudiantes de educación media, universitarios, jóvenes profesionales y jóvenes insertos en el mundo laboral. La propuesta estuvo dirigida especialmente a quienes manifiestan inquietud por descubrir el sentido y propósito de su vida, desean profundizar en la espiritualidad salesiana o están interesados en experiencias vocacionales, de servicio y voluntariado.

Más que un encuentro puntual, la Jornada buscó abrir un camino de discernimiento. A lo largo de cinco días, los jóvenes fueron invitados a mirar su propia historia, reconocer las búsquedas y dones que habitan en ella, interpretarlos a la luz de la fe y disponerse a elegir caminos concretos de respuesta. El itinerario tomó como referencia el método de discernimiento propuesto por Christus Vivit: reconocer, interpretar y elegir.

Una propuesta vocacional que parte de la vida

La propuesta parte de una convicción: la vocación no se reduce a la elección de una profesión o de un estado de vida, sino que toca la totalidad de la existencia y la manera en que cada persona responde al llamado de Dios. Por ello, la Jornada ofreció espacios de interioridad y reflexión orientados a que cada joven pudiera preguntarse quién es, de dónde viene, hacia dónde quiere orientar su vida, qué sueños y capacidades ha recibido y cómo puede ponerlos al servicio de los demás.

El itinerario formativo integró tres dimensiones: salesiana, antropológica y teológica. De este modo, la experiencia buscó unir el conocimiento del carisma y de la vida de Don Bosco con el conocimiento personal y la reflexión sobre la propia historia, iluminados por la fe y por la identidad de cada joven como hijo de Dios llamado a la vida.

Entre diálogos de acompañamiento, espacios para el sacramento de la reconciliación y conversaciones que ayudaban a encontrarse fue transcurriendo la Jornada Vocacional Misionera

Tres caminos inspirados en la historia de Don Bosco

Una de las particularidades de la Jornada fue la organización de los participantes en tres niveles de profundidad: I Becchi, Chieri y Turín. Estos nombres, tomados de momentos significativos de la vida de Don Bosco, se convirtieron en una clave para que los jóvenes pudieran leer también su propio camino vocacional.

I Becchi estuvo dirigido especialmente a quienes se acercaban por primera vez a una experiencia vocacional misionera o tenían poco contacto con el carisma salesiano. Inspirado en la infancia de Don Bosco, sus raíces familiares y el sueño de los nueve años, este nivel invitó a reconocer la propia historia y descubrir cómo Dios puede estar presente y actuando en ella.

Chieri acompañó a jóvenes universitarios o insertos en el mundo laboral, con alguna experiencia apostólica o misionera. A partir de la etapa de búsqueda, crecimiento y toma de decisiones vivida por Juan Bosco, se profundizó en preguntas como hacia dónde orientar la propia vida, qué elecciones realizar y cómo reconocer la llamada de Dios.

Turín estuvo orientado a jóvenes con un camino previo de apostolado, acompañamiento, liderazgo y experiencia misionera. Inspirado en el momento de la vida de Don Bosco en el que su vocación se concreta en la misión con los jóvenes, este nivel abordó el proyecto de vida, la opción por Jesucristo, el servicio y la entrega como dimensiones fundamentales de una respuesta vocacional madura.

Encontrarse con Jesucristo para escuchar su llamada

La dimensión espiritual ocupó un lugar central durante toda la experiencia. La Eucaristía diaria, la adoración, el desierto ante el Santísimo, las confesiones y los distintos momentos de oración acompañaron el proceso formativo y misionero. Estos espacios buscaron favorecer el encuentro personal con Jesucristo, desde la convicción de que discernir una vocación implica aprender a escuchar y reconocer la voz de Dios en la propia vida.

La experiencia también permitió profundizar en la espiritualidad salesiana y en la vida de Don Bosco, reconociendo en su historia la acción de Dios y su progresiva respuesta a la llamada recibida. Así, su camino vocacional fue presentado no como un modelo distante, sino como una historia concreta de búsqueda, decisiones, dudas, acompañamiento, servicio y entrega.

La participación de más de 40 jóvenes de las diferentes presencias salesianas permitió una gran riqueza cultural en la Jornada Vocacional Misionera

La misión como espacio de discernimiento

El carácter misionero de la Jornada permitió que la reflexión vocacional se encontrara con la realidad. Los participantes se organizaron en grupos para realizar visitas y actividades pastorales en distintos caseríos, desarrollando experiencias de servicio y encuentro con las comunidades. Las tardes incluyeron oratorios, espacios de evaluación y vida de grupo para compartir lo vivido.

La misión no fue presentada únicamente como una actividad dentro del programa, sino como una oportunidad para experimentar que la vocación también se descubre cuando la propia vida se abre a los demás. La pregunta vocacional pasa así de «¿qué quiero hacer con mi vida?» a una pregunta más profunda: «¿para quién quiero vivir y cómo puedo poner mis dones al servicio de otros?».

Del encuentro al proyecto de vida

A lo largo de los tres niveles, los jóvenes fueron acercándose a la construcción de un proyecto de vida que articule historia personal, fe, sueños, dones, decisiones y misión. La Jornada también buscó presentar las distintas opciones de proyectos de vida en la Iglesia como caminos concretos para vivir la llamada de Dios, así como los procesos de acompañamiento y discernimiento vocacional disponibles en la Inspectoría.

En este horizonte se presentó también el Voluntariado Misionero Salesiano como una propuesta concreta de servicio, misión y respuesta vocacional, capaz de ayudar a los jóvenes a poner en juego su fe, sus capacidades y su disponibilidad al servicio de otros.

Un cierre que se convierte en envío

La Jornada culminó el sábado 29 de agosto con una Eucaristía de cierre y envío presidida por el P. Juan Luis Arveláez. El momento permitió recoger los frutos de una semana marcada por el encuentro con Jesucristo, la misión en las comunidades, la fraternidad y la reflexión sobre el propio proyecto de vida. En esta celebración tuvo también un significado especial el envío de siete aspirantes a sus distintas comunidades. Estos jóvenes, fruto también de jornadas y encuentros vocacionales anteriores, dieron un paso concreto dentro de su proceso, siendo enviados para continuar su camino de discernimiento y formación en las comunidades a las que fueron destinados.

El cierre no fue pensado como un punto final, sino como un envío y la apertura de una nueva etapa. La experiencia busca continuar durante el año educativo-pastoral a través del acompañamiento de los jóvenes, de acuerdo con el camino recorrido en I Becchi, Chieri o Turín. De esta manera, la Comisión Vocacional espera que las inquietudes suscitadas durante la Jornada puedan transformarse progresivamente en preguntas más profundas, decisiones y compromisos concretos.

Con esta Jornada Vocacional Misionera, la Comisión Vocacional de la Inspectoría de los Salesianos en Venezuela reafirma su compromiso de generar espacios donde los jóvenes puedan detenerse, mirar su historia, encontrarse con Jesucristo, discernir su camino y descubrir que su vida puede convertirse en una respuesta al amor y al llamado de Dios. La invitación permanece abierta: reconocer lo que Dios ya está haciendo en la propia historia, interpretar sus llamadas y elegir, con libertad y responsabilidad, cómo vivir una vida entregada y con sentido.

En la imagen los nuevos aspirantes salesianos en sus destinos de misión: Jesús Salazar de Pto. La Cruz destinado a Pto. Ayacucho, Jesús Suárez de Valencia, destinado a San Félix, José Parra de Los Teques, destinado a Valera, Víctor Romero de Coro, destinado a Valera, Jhonny Cumaray de Caracas, destinado a Valera y Andres Gaspar de Táriba, destinado a Pto. La Cruz